Miguel Ezcurra
Jueves, 10 de Septiembre de 2026
MADRID
Trump promete 5.000 dólares por votante… perdón, por adulto
Donald Trump ha vuelto a demostrar que, cuando se trata de campañas electorales, la imaginación presupuestaria no conoce fronteras.
El presidente ha prometido entregar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato. Una oferta difícil de superar: voto, victoria y pasta para la buchaca.
El pequeño inconveniente es que la factura podría superar ampliamente el billón de dólares y que, por mucho que presida la Casa Blanca, Trump no dispone de una gigantesca hucha presidencial de la que pueda sacar semejante cantidad. El gasto tendría que ser aprobado por el Congreso y habría que explicar, además, de dónde sale el dinero.
Trump apunta a los ingresos procedentes de los aranceles. Pero las cuentas, de momento, tienen esa molesta costumbre de no dejarse convencer por los discursos electorales.
Y aún queda por resolver otro detalle: si se inyecta de golpe semejante cantidad de dinero en los bolsillos de millones de ciudadanos, la inflación podría volver a llamar a la puerta. Sería curioso recibir un cheque de 5.000 dólares y descubrir después que una parte se la ha comido la subida de precios.
En definitiva, estamos ante una promesa perfectamente posible desde el punto de vista político, siempre que el Congreso la convierta en ley y encuentre cómo financiarla.
Hasta entonces, los 5.000 dólares están en ese lugar donde suelen encontrarse tantas cosas durante una campaña electoral, esto es, en el programa de promesas y todavía bastante lejos de la cuenta corriente.
Para el opositor, la fantasmada supone un básico ejemplo práctico de Derecho Presupuestario para recordar que un Presidente de Gobierno o de Comunidad Autónoma, e incluso un Alcalde, puede prometer un gasto, pero otra cosa muy distinta es tenga competencia para aprobarlo y crédito para pagarlo.
O como diría mi amigo, las promesas no cuestan nada, lo malo empieza cuando toca pagarlas.
Miguel Ezcurra

El presidente ha prometido entregar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato. Una oferta difícil de superar: voto, victoria y pasta para la buchaca.
El pequeño inconveniente es que la factura podría superar ampliamente el billón de dólares y que, por mucho que presida la Casa Blanca, Trump no dispone de una gigantesca hucha presidencial de la que pueda sacar semejante cantidad. El gasto tendría que ser aprobado por el Congreso y habría que explicar, además, de dónde sale el dinero.
Trump apunta a los ingresos procedentes de los aranceles. Pero las cuentas, de momento, tienen esa molesta costumbre de no dejarse convencer por los discursos electorales.
Y aún queda por resolver otro detalle: si se inyecta de golpe semejante cantidad de dinero en los bolsillos de millones de ciudadanos, la inflación podría volver a llamar a la puerta. Sería curioso recibir un cheque de 5.000 dólares y descubrir después que una parte se la ha comido la subida de precios.
En definitiva, estamos ante una promesa perfectamente posible desde el punto de vista político, siempre que el Congreso la convierta en ley y encuentre cómo financiarla.
Hasta entonces, los 5.000 dólares están en ese lugar donde suelen encontrarse tantas cosas durante una campaña electoral, esto es, en el programa de promesas y todavía bastante lejos de la cuenta corriente.
Para el opositor, la fantasmada supone un básico ejemplo práctico de Derecho Presupuestario para recordar que un Presidente de Gobierno o de Comunidad Autónoma, e incluso un Alcalde, puede prometer un gasto, pero otra cosa muy distinta es tenga competencia para aprobarlo y crédito para pagarlo.
O como diría mi amigo, las promesas no cuestan nada, lo malo empieza cuando toca pagarlas.
Miguel Ezcurra






