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Redacción
Miércoles, 08 de Julio de 2026
MADRID

Merino, San Fermín y la corazonada del gol

Hay despistes que terminan en anécdota y anécdotas que, si además vienen acompañadas de un gol decisivo, se convierten en pequeña leyenda.

Eso le ocurrió a Mikel Merino en el partido entre España y Portugal, cuando el futbolista navarro tenía preparada una celebración muy especial: sacar el pañuelo rojo de San Fermín inmediatamente después de marcar.

El jugador explicó que antes del partido había metido en la maleta el pañuelo rojo de San Fermín con la intención de llevarlo escondido durante el encuentro. "Lo tenía pensado, me traje un pañuelo de San Fermín para guardármelo en la media y celebrarlo. No sé por qué, pero tenía la corazonada de que iba a meter gol, pero se me olvidó en el vestuario".

La idea era magnífica. El contexto, inmejorable. Un navarro, en pleno ambiente sanferminero, con la intuición de que podía marcar un gol importante con la selección española. Pero el fútbol, que tantas veces premia la inspiración y castiga el exceso de cálculo, quiso añadir su propio giro al guion.

El detalle tiene gracia porque humaniza al protagonista. En el deporte de élite estamos acostumbrados a ver celebraciones milimétricamente preparadas, gestos ensayados y mensajes calculados al segundo. Pero aquí hubo algo mucho más simpático: un plan festivo, un olvido inoportuno y, aun así, el desenlace perfecto. Porque el pañuelo no salió, pero el gol sí. Y al final, en la memoria queda más la emoción del momento que la exactitud de la coreografía.

Merino no pudo enseñar el pañuelico en el momento del gol, pero sí dejó claro que Pamplona estaba en su cabeza y San Fermín en el corazón, dado que, tras el partido, se sacó una foto con el pañuelo de San Fermín en una imagen que se hizo viral en toda España. A veces basta un grito, una mirada o una sonrisa para que todos entiendan el homenaje. Y quizá por eso la escena resulta tan entrañable, porque no fue una celebración de manual, sino una celebración de verdad.

Los opositores, por cierto, entenderán muy bien la enseñanza del episodio. También ellos llegan al examen con planes, esquemas, resúmenes, repasos de última hora y alguna que otra corazonada sobre el tema que puede caer. Pero conviene no confundir términos. Una cosa es que Merino olvidara el pañuelo y aun así marcara el gol, y otra, muy distinta, que algún opositor pretenda llevarse al aula su propio “pañuelico” en forma de chuleta.

Así que quede clara la moraleja sanferminera: al examen se va con la cabeza despejada, el temario bien estudiado y los nervios sujetos con firmeza. Y si alguno siente la tentación de sacar una “chuleta”, que recuerde que en el fútbol puede haber VAR, pero en una oposición lo que suele haber son vigilantes con muy poca afición a los festejos sanfermineros.

Miguel Ezcurra

 

 

 

 

 

 

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