La Gaceta del Opositor

Año XXXI · Número 4271
Sábado, 16 de diciembre de 2017
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¿Son más difíciles actualmente las oposiciones a notarías?

Yo tenía conciencia de que era un opositor que estudiaba despacio, de que era lento, pero tal vez no pensaba que lo fuera tanto. Cuando publiqué este post sobre el número de temas que consideraba que había que estudiarse en la primera vuelta del primer ejercicio, dando contestación a una opositora a la que llamé Incipientum, varios compañeros, varios de ellos preparadores, me contestaron a la siguiente pregunta:

¿Cuántos temas te estudiabas tú y cuántos estudian tus alumnos?  

La media de las cifras que me dieron, fue de entre los cuatro y los cinco temas semanales de Civil en primera vuelta. No fue más que una pequeña muestra que confirmaba que yo era un opositor lento, pero, al mismo tiempo, un opositor seguro, puesto que aprobé el primero en dos años y nueve meses y aprobé cinco orales de seis que hice en las cuatro convocatorias a las que me presenté sin reserva de nota.

Una segunda conclusión de mi encuesta, sería la de que la época en que aprobó o preparó cada compañero puede haber sido muy relevante, especialmente si distinguimos entre los que aprobaron en la época en que había un solo ejercicio oral y los que aprobamos cuando ese mastodóntico ejercicio de mayor duración, quedó dividido en dos que en conjunto eran más largos y ¿más difíciles? ¿O es que alguien es capaz de estudiarse actualmente, con la calidad suficiente, ocho o nueve temas sin haber estudiado con el temario de la oposición durante la Facultad? Debía ser durísimo estudiarse todo el programa de una vez, mejor dicho, examinarse de todo el programa de una vez, pero tal vez la extensión del temario y de los temas no fuera la misma que hoy en día. Entre los encuestados aprobados recientemente, solo uno me habló de dos compañeros suyos que estudiaban ocho o nueve temas a la semana. Añadió que ninguno había aprobado la oposición.

Mi padre, que se estudiaba muchos temas a la semana y terminó el primer ejercicio en pocos meses (véase el vídeo del final de este post), se quedó sorprendido con la rapidez de mi exposición la primera vez en que, por imposibilidad física accidental de Mac, mi preparador, tuvo que tomarme un tema. No me tomó temas muchas veces a lo largo de los años de mi oposición, pero siempre le pareció vertiginoso el ritmo al que hablaba. De ello tiene en gran medida la culpa, a mi modo de ver, el cambio (que se aplicó por primera vez en las oposiciones de 1987-1988 que se celebraron en Madrid) de un solo ejercicio oral a dos ejercicios orales. Lo que ese cambio obligó a estudiarse para rellenar, para hacer viable y efectivo el aumento de la duración del tiempo de ejercicio oral, para poder cubrir dos ejercicios de una hora el primero y de cuarenta y cinco minutos el segundo, fue y es muy considerable. Antes de 1987, la duración de ese durísimo ejercicio único era de una hora y media. Con la división del temario en dos, se alargaron los meses de máxima concentración y exigencia para el opositor.

Incontinencia legislativa, jurisprudencial y doctrinal

Pero no solo tenemos que hablar de más minutos, también se ha incrementado con el paso de los años el número de normas que en mayor o menor medida (con mayor o menor intensidad y detenimiento) hay que estudiar y tener controladas. Normas que, además, cambian con frecuencia. El Código Civil, la Ley de Propiedad Horizontal y la Compilación Catalana fueron las únicas normas civiles vigentes con las que se examinó mi padre en 1960 y 1961. Por no hablar, en esta misma línea, del ingente número de resoluciones de la DGRN de los últimos tiempos o de los cientos de sentencias que dicta la Sala 1ª del Tribunal Supremo cada año y del aumento de la doctrina científica, aunque cantidad no sea calidad y siempre se recurra más a los clásicos.

Cambios de programa y tercer ejercicio

Los cambios de programa, que suelen ser traumáticos para los opositores, siempre han tenido una similar regularidad por lo que creo que no decantan la balanza a favor de ninguna época, a diferencia de la extensión del supuesto del tercer ejercicio y del tratamiento y consideración del dictamen en el resultado final de la oposición. Por poner un ejemplo, el supuesto de hecho de las oposiciones celebradas en Granada en 1962-1963 tenía doce líneas y otras nueve con preguntas e instrucciones para llevar a cabo el dictamen. En las últimas oposiciones celebradas en Barcelona, el supuesto de hecho tenía tres partes y cuatro caras de folio. Al margen de la extensión del supuesto, la valoración del tercer ejercicio en el conjunto de la actuación del opositor, el nivel de exigencia, el número de problemas que se ocultan en el supuesto, el tratamiento que ha de dárseles y el planteamiento general del dictamen, parecen haberlo complicado (y con ello las oposiciones) sensiblemente. Y no es cosa mía, porque en “Los Diez Mandamientos” de González Palomino (escritos entre 1945 y 1950), el maestro ya decía “que el ejercicio oral suele dar la plaza y el escrito da el puesto”. Allá por 1960, mi padre suspendió  el dictamen en la primera convocatoria a la que se presentó (aprobó a la segunda, y aún así ocupa un puesto de privilegio en la clasificación general de los más jóvenes). Tendría 23 años y el Tribunal le dijo que podía darse por satisfecho con lo conseguido “a su (tierna) edad”. ¿Mi padre fue la excepción que confirmaba la regla de González Palomino? ¿Hoy se puede decir que los orales dan la plaza y el escrito da el puesto (la posición)?

Frecuencia de convocatorias

Otro dato a considerar en esta medición de dificultad entre las oposiciones de antes y las de ahora, es el distanciamiento entre las convocatorias. En la década de los sesenta del pasado siglo, hubo nueve convocatorias. En la década de los ochenta, hubo ocho. En mi época de opositor, entre 1991 y 2002, hubo seis convocatorias. En los sesenta eran más, pero de menos plazas, en los ochenta fueron de muchas plazas y en la época actual hay bastante igualdad entre unas y otras, aunque yo viví un par de convocatorias (Valencia 1991-1992 y Madrid 1994-1995) de tan solo sesenta plazas.

Un inciso: ¿Qué es antes y qué ahora?

Me decía hoy mismo, un compañero que él pensaba que “antes eran más difíciles nuestras oposiciones”. Su razonamiento me ha llevado a pensar que tal vez su antes y su ahora, no fuera el mismo antes y el mismo ahora que el mío, por eso hago esta parada y me explico: cuando digo antes me estoy refiriendo a la época del único ejercicio oral (antes de 1987) y cuando digo ahora me estoy refiriendo a la época de los dos orales (después de 1987).

Dicho esto, sigo….

Número de firmantes

Como escribí en mi post “De mayor quiero ser Notario”:

“Manuel Bagües profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Aalto en Helsinki, ha analizado detalladamente  aquí los datos sobre firmantes de las convocatorias de las oposiciones al título de notario de los últimos años. No me atrevo a apuntar, ni a examinar las causas, solo a constatar un hecho: el “cuerpo” de opositores a notarías es cada vez menos numeroso. Agradezco a mi compañero Marcos Serrano, autor del blog “Opositar a notario” que me enlazara con el profesor Bagües y a éste el caudal de datos que nos proporciona sobre nuestra cantera. No me resisto a mencionar, por si no pincháis el enlace, a deciros que en 1993 firmaron la convocatoria 1.463 opositores y que en la de 2014 lo hicieron solo 830. En la que comienza en unos días, han firmado 841 opositores”.

Evidentemente, el número de firmantes influye en que la oposición sea más o menos difícil y podríamos decir que existe una acusada tendencia a la baja en los últimos 25 años. Los firmantes en las actuales oposiciones en curso han sido 852 (22 más que en la de 2014). A menos firmantes y más plazas, mejor ratio. No dispongo de datos más allá de 1993 (mi primera convocatoria, por cierto) por lo que no puedo desarrollar más esta linea argumentativa, aunque me gustaría hacerlo (siempre puedo recurrir a la Gestoría Calvo). Me atrevería a decir, sin embargo, que los firmantes en otras épocas más lejanas debieron ser muchos menos y que tal vez el incremento pudo producirse a partir de los setenta. En consecuencia, a efectos de firmantes tal vez se haya pasado por varios ciclos.

En privado un compañero me da su opinión sobre el asunto de los firmantes y me permite incluirla en mi post (¡gracias¡), puesto que me parece muy interesante:

“La disminución significativa en el número de opositores que se presenta actualmente provoca que la ratio opositor/plaza sea ahora bastante interesante. Eso ha provocado, que la media de años de preparación de los aprobados haya bajado de los 7 años a los 6 años. Los motivos son difíciles de saber, pero tal vez pueda deberse a que por la crisis económica ya no se considere tan interesante ser Notario desde el punto de vista económico y a que con los nuevos planes de estudio, las asignaturas son cuatrimestrales y no anuales como eran antes, por lo que falta costumbre de hacer exámenes únicos con un gran número de temas”

Los temas

En la facilidad para encontrar temas, para prepararlos, hacerlos o corregirlos, en el acceso al número de preparadores y a las academias de preparación y a las becas, gana, diría que, por goleada, la época reciente. Mi padre estudiaba el Castán y el Roca Sastre, se hacía los temas, con suerte a máquina, y muchas veces de su puño y letra. Actualmente hay opositores que se siguen haciendo los temas, pero aún en ese caso, las facilidades, incluyendo sobre todos las de tipo técnico, son enormes frente a las que había décadas atrás.

Las mujeres y la mili

Las mujeres no pudieron acceder al notariado en España durante años. Consuelo Mendizábal Álvarez (promoción de 1942), Margarita Baudín Sánchez (promoción de 1944) Carolina Bono Huerta (promoción de 1947), fueron las únicas (como excepción y por una situación de transitoriedad que se explica en en primer enlace de este párrafo) que consiguieron serlo antes de la modificación de la norma que lo impedía. La prohibición que impedía a las mujeres participar en toda clase de oposiciones se mantuvo hasta 1961. La primera mujer en conseguir ser Notario tras la desaparición de la prohibición fue María Rosa Cameno Iglesias (promoción de 1969), que se jubiló en 2013 al cumplir la edad reglamentaria.

La supresión de la mili supuso que los opositores masculinos dejaran, desde 2001, de destinar un largo periodo de tiempo a hacer el servicio militar o las milicias universitarias. La mili era un tiempo de parón en el estudio que no sufre el opositor actual. El servicio social que las mujeres también tenían que cumplir en la época franquista, también pudo tener su influencia en las opositoras de aquella época, aunque no creo que fuera en la misma medida que para los hombres, por las características de aquel servicio y por las pocas que pudieron intentar ser Notarios en aquellos años.

Organización de los exámenes

La mejor organización de las convocatorias, de los exámenes, permite encarar de otro modo la recta final de cada ejercicio y prever el día que uno se examinará; la calidad de las comunicaciones por tierra y aire para organizar los desplazamientos al Colegio celebrante de la convocatoria; la formación de uno o varios tribunales examinadores, que repercute en la rapidez de la oposición y en la distancia entre los ejercicios (no es lo mismo uno, que dos, que tres, ni el ritmo que se autoimponga el Tribunal) que se disminuye, son otras circunstancias a tener en cuenta en esta competencia entre los de antes y los de ahora, que nunca arrojará un seguro ganador porque por encima de todo está la valía de cada opositor y esta ha sido (pienso) siempre la misma en todas las épocas.

Conclusión sobre las épocas más difíciles

No obstante, como al final el público quiere que uno se moje, como me pasó con este post, arrimo el ascua a mi sardina y digo que me parecen actualmente más difíciles las oposiciones por el alargamiento del tiempo de examen y por la hemorragia legislativa, jurisprudencial y doctrinal de estos tiempos, que obligan a estudiar más y mejor, para recitar más rápido la enorme cantidad de cosas que el Tribunal espera que le cuentes. Esa es sin duda mi razón fundamental (aunque tenga una de refuerzo que es la enorme dificultad del tercer ejercicio) para decantarme, aunque mi posicionamiento tal vez partidista y subjetivo nada tenga que ver con el resultado obtenido de cada época, con la cosecha de cada convocatoria, pues el fruto de las oposiciones no es directamente proporcional a la dificultad de conseguir ganarlas.

Se admiten opiniones…y argumentos…y pronto me han llegado.

No lleva el post publicado ni doce horas y ha surgido todo esto…

Las distracciones

¿Hay ahora más distracciones y tentaciones? Sin duda, pero no creo que esto sea realmente representativo porque un buen opositor debe saber mantenerse al margen de todas las tentaciones, aunque “haberlas haylas”.

¿Ha variado el nivel de exigencia de los temas?

Actualmente se sigue repitiendo aquello de que el Fiscal y el Notarial “se van a exigir” y, por supuesto, la presencia del Procesal y el Administrativo sigue siendo simbólica. ¿Acompañaba alguna materia más al Fiscal y al Notarial en la época del ejercicio único?

Las medias

La promoción de 1986, si tomamos como punto de partida de la preparación de la oposición los 23 años, empleó una media de 4,73 años de preparación, mientras que la mía empleó 7,04 años. La promoción de 1981 aprobó con una media de 26,68 años y la mía aprobó con una media de 30,04 años. Puede haber algún desfase pero creo que los datos nos aproximan bastante a la realidad de que las cosas se han complicado, por la razón o razones que fueren. Sin duda a estos efectos, mi post “El Notario más joven”, plagado de compañeros aprobados hace décadas y con muy pocos nombres recientes, creo que también es demostrativo de algo.

Seguiremos….argumentando, con el ánimo de pasar el rato, claro está…

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario

https://www.justitonotario.es/dificiles-oposiciones-notarias/

Postdata: He comprobado que mi tema 9 de Civil, ocupaba trece folios por una sola cara, pero con un número de líneas superior a las del tema de mi padre. Mayor extensión, mayor condensación. Multipliquen por 360 temas.

 

 

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